domingo, 5 de agosto de 2012

6 DE AGOSTO DE 1538: GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA FUNDA SANTA FE DE BOGOTÁ.


Momento en que Gonzalo Jiménez de Quesada funda Santa Fe de Bogotá, precisamente en el centro de Bogotá.

Gonzalo Jiménez de Quesada fue uno de los pocos licenciados que vinieron por entonces a América. A juzgar por la “calidad” de la dominación colonial, dicen que es preferible ser esclavizado por alguien educado que, por ejemplo, un analfabeto, porquerizo en España, como Francisco Pizarro en la conquista del Perú (lo único que falta es que los descendientes de Pizarro me denuncien al INADI).

Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Santa Fe de Bogotá en la Nueva Granada.

Jiménez de Quesada fue el conquistador de Nueva Granada y el fundador de Santa Fe de Bogotá. Nacido en Córdoba, España, en 1499. Pero el licenciado fue un mediocre en el terreno de las letras –es decir que no era mucho mejor que Pizarro- por eso se aventuró en el camino de América. Se embarcó como soldado en la expedición de Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, que entonces no tenía ni tren ni tranvía.
Lugo nombró teniente a Quesada y le confió una partida para que expedicionara la cabecera del Magdalena. Jiménez de Quesada el 6 de abril de 1536 partió con 800 hombres: 200 por mar y 600 por tierra. Pasó penurias indecibles en las riberas del Magdalena (bosques impenetrables, ciénagas infestas, hostigado por los pueblos originarios que buscaban defenderse de la invasión, atravesados por el hambre y la natural incomunicación). De los 800 que partieron, solo 166 llegaron a la meseta de Cundinamarca y ocho meses después.
De pronto detrás de la tormentosa travesía, apareció un soleado valle de bohíos, campos de maíz, palacios de preciosas maderas y chozas techadas de paja brava (que es de la buena). Quesada rebautizó a aquella región en la sabana santafereña, “Valle de los Alcázares”, recordando a su entrañable Andalucía.

"Valle de los Alcázares", la Bogotá donde residía el indio Zipa.
 
El botín que rapiñó en Hunsa, capital de Zaque, creyó que superaba al de Perú.
El Zipa Tisquesusa, en guerra con el Zaque Quimichatecha, se dirigió bélicamente hacia los invasores europeos. Pero como había ocurrido en tantos lugares ni bien tronaron los arcabuces y simultáneamente comenzaron a desbocarse los caballos en infernal carrera contra los pobres naturales, el Zipa emprendió una desesperada huida, dejando en hispánicas manos sus tierras, que fueron saqueadas por los dioses blancos que se robaron hasta los templos y palacios.


 
A mediados de 1538, Jiménez de Quesada y su ridícula armada llegan a la meseta de Cundinamarca: eran unos 160 desharrapados.

Meseta de Cundinamarca.
 
Concomitantemente, casualmente otros 160 valientes hispanos, con su jefe (que no era Brancaleone) y un capellán (que ni era Dionisio Rentamales), surgieron, provenientes del sur: eran los hombres de Belalcázar. A la vez, emergiendo desde el oriente, otros 160 (¡otra vez! O era un número cabalístico o la providencia les estaba indicando que jugaran al 160 –la virgen- ¡mamita, si agarraban una por ahí!), con su respectivo capellán (a quien llamaban “el 40”), llevando a la cabeza al alemán Nicolás Federmann, irrumpieron en el mismo sitio, después de haber soportado mil penurias en la travesía desde el Orinoco.


 
A punto estuvieron de apelar a las armas, pero predominó la cordura. Se impuso la astucia y la instrucción de Jiménez de Quesada, quien difirió la solución final del litigio a la voluntad del rey y se quedó como dueño y señor del país, fundando la ciudad de Santa Fe de Bogotá, precisamente en el mismo lugar donde estaba ubicada Bogotá, de ahí el sinnúmero de juicios por plagio que tuvo que soportar el andaluz, cuando bien podía haberle puesto “Jimenondia”.

El derrotero de los tres conquistadores que se encontraron en Bogotá.
 
No bien hubo fundado su ciudad , a la que bautizó –según una versión basada en documentos- como la “Del águila negra y las granadas de oro”, se volvió a España (1539), pero no alcanzó las mercedes que esperaba (todas lo plantaron) y, en cambio, derrochó el dinero a manos llenas (¿llenas de qué?). Regresó a Nueva Granada arruinado, con el pobre título de regidor de Santa Fe de Bogotá. Sólo más tarde recibió el de Adelantado (porque se había adelantado a Belalcázar y a Federmann) del Nuevo Reino de Granada.
Viejo y achacoso, casi septuagenario (que para aquel entonces era como decir centenario), se atrevió a internarse en los llanos orientales, para tomar las tierras que ahí le había asignado el rey. A los tres años tornó a Bogotá, más pobre que antes, pues había cambiado a los indios oro por baratijas ¡Llegó lleno de baratijas!

1 comentario:

Anónimo dijo...

esta super!!

me sirvio mucho!!

gracias y salu2...