El marqués de Selva Alegre, don Juan Pío de Montúfar, titular del Cabildo en el momento de instalación del "juntismo".(¡Qué bien le quedan los bucles!).
Los centros disociadores de la unidad latinoamericana son
básicamente Buenos Aires, Caracas, Bogotá y Lima. Aunque observemos que, a
pesar de todo, se formaron Juntas –con avances y retrocesos- en toda América,
menos en Lima. A esa disolución contribuyen las ciudades menores, centros de
interés regionales que transcurren plácidamente su vida bajo la sombra de un campanario;
pero, que habrían podido ser doblegados por las armas. Tal es el caso del
patriciado rural de la Banda Oriental, del comercio altoperuano vinculado al
Pacífico, de los terratenientes y propietarios de minas chilenos.
Juan de la Cruz Vial, patricio oriental. Los patricios son aquellas familias de clase dominante que influyeron en la
independencia del país (tanto a favor como en contra) y tenían educación, ciertas tradiciones y buenos modales. Además, estas personas
consideradas ''padres de la patria'' tenían poder político y económico. Fueron los que destruyeron a Artigas.
En el antiguo reino de Quito o, en realidad, Presidencia de
la Audiencia de Quito estalló la revolución el 10 de agosto de 1809, que nos
sirve para explicar el porqué de la imposibilidad de una autonomía: por carecer
de apoyo popular. La encabezaron cuatro marqueses
criollos: el marqués de Selva Alegre (don Juan Pío de Montúfar, que era el
titular del Cabildo)- cuyo activo secretario era el peruano Rodríguez de
Quiroga-, el marqués de Solanda, el marqués de Villa Orellana, el marqués de
Miraflores y –en broma, agregamos uno más, pariente de Selva Alegre- el marqués
de Bosque Jarana. Su ruptura con la autoridad local española estaba planteada
en estos términos, era para “la conservación de la verdadera religión,
la defensa de nuestro de nuestro legítimo monarca y la propiedad de la patria”.
Como en otras regiones de Hispanoamérica, la presunta “revolución” chocó con la
indiferencia u hostilidad de las masas populares. Ellos y otros connotados vecinos
formaron la Junta de Quito, el 19 de agosto de 1809.
El sosias de los marqueses quiteños en Brasil era el marqués de Tamandaré.
Otras ciudades siguieron el ejemplo de la ciudad de
Pichincha, pero Guayaquil y Cuenca se negaron a hacerlo. La ciudad de Pasto, al
sur del virreinato de Nueva Granada, caracterizada por su realismo
inexpugnable, lanzó sus fuerzas contra la Junta de Quito, que pacto con el que
hasta entonces era la máxima autoridad quiteña, Ruiz de Castilla, presidente de
la Audiencia, tal como dijimos líneas arriba.
Un lugar de prisión (escenificado): Tras los sucesos del 10 de agosto de 1809, considerados “peligrosos”,
con grilletes y muchas veces incomunicados, aquellos civiles que
participaron en el golpe y la “Junta Soberana” fueron apresados en el
cuartel.
Dice Liévano Aguirre: “Fue
tan evidente el espíritu de casta que inspiró el movimiento y tan notorio el
menosprecio que profesaban al pueblo los aristócratas quiteños, que no tardaron
los autores de la conjura en enfrentarse a la hostilidad de las clases
populares y hasta les fue imposible reclutar unos cuantos soldados, para
defender su causa contra las fuerzas militares despachadas desde Lima, Pasto y
Popayán”.
El fenómeno juntista americano es la consecuencia de lo que está ocurriendo en España.
El rey era un poder lejano –una entelequia dirían nuestros
amigos los filósofos- para los mestizos y negros, pero los aristócratas
criollos estaban demasiado cerca (no eran potenciales, eran activos actores de
la infamante realidad); así pudo verse el rechazo popular de criollos pobres o
mestizos en “sorprendente armonía con los
peninsulares” nos cuenta Oscar Efrén Reyes. Reprimida la “revolución” de
los marqueses por la barbarie sangrienta de las fuerzas españolas, que
sembraron el terror en Quito, la segunda oleada revolucionaria lanzará a la
lucha esta vez a las fuerzas populares: la causa de la independencia esta vez
será invencible.
En la segunda oleada revolucionaria se lanzarán a la lucha las fuerzas populares.
Habían triunfado, contra los juntistas marqueses, los
pastusos y, a la vez, convergieron de Santa Fe las tropas del teniente coronel
Dupré, mientras que en Guayaquil se presentaban los barcos del virrey de Lima,
Abascal, el cual también despachó tropas por tierra desde Maynas.
Ruiz de Castilla, entretanto, fue restituido en el poder.
Dictó enseguida un bando de amnistía; pero, al entrar vencedor en Quito el
coronel Manuel Arredondo, principió su tarea de exterminio, desconociendo la
amnistía.
Conde Ruiz de Castilla.
El 22 de septiembre, Carlos de Montúfar, delegado de la
Junta Central, inició otro movimiento. Se formó otra Junta en Quito, a cuya
cabeza se colocó al anciano Ruiz de
Castilla, quien ordenó el retiro de las tropas de Abascal, que fueron despedidas en agosto de 1810.
Al fin se proclamó la independencia el 11 de octubre de 1810. Pero, en
1812, el territorio estaba de nuevo totalmente dominado por el ejército de
Abascal.Castilla, quien ordenó el retiro de las tropas de Abascal, que fueron despedidas en agosto de 1810.






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