viernes, 20 de julio de 2012

21 DE JULIO DE 1946. MUERE AHORCADO EN LA PLAZA MAYOR DE LA PAZ EL PRESIDENTE GUALBERTO VILLARROEL.


Presidente de Bolivia Gualberto Villarroel, a la izquierda puede observarse como su cuerpo pende ahorcado de la columna de un farol.

El 20 de diciembre de 1943 un golpe incruento y perfectamente sincronizado llevaba al poder en Bolivia a una junta integrada por miembros de la logia, el MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) y otros grupos, presidida por el mayor Gualberto Villarroel, uno de los inspiradores de Radepa (Razón de Patria).

Foto del MNR de los archivos de Radepa (Razón de la Patria) que fue censurada durante muchos años.
Este gobierno fue cauteloso y moderado inicialmente, aunque algunos lo calificaran de “nazifascista” y lo vieran como una extensión de la Revolución del 4 de Junio de 1943 en la Argentina. Esta interpretación fue implícitamente adoptada por el Departamento de Estado estadounidense.
El aislamiento diplomático y la presión externa pusieron al gobierno de Villarroel en difícil situación y desencadenaron una crisis interna que culminó con el alejamiento de Céspedes y Montenegro, principales “cabezas” de la campaña “antifascista”. Llegó un agente confidencial Avra Warren, quien entre otras muestras de lealtad a las “democracias” –como la entrega de súbditos alemanes y japoneses a los Estados Unidos, la sustitución de civiles del MNR por oficiales del ejército- aconsejó finalmente el reconocimiento que vino luego de seis meses.

Soldado boliviano centinela de la Embajada estadounidense en La Paz, lugar del cual salieron todos los golpes de Estado y hasta asesinatos de los gobernantes populares.

Villarroel convocó a elecciones, triunfando el MNR en la mayoría de los departamentos (Oruro, Potosí, Tarija, Santa Cruz). Junto con la mayoría de los “independientes” -aunque apadrinados por los militares- los “movimientistas” decidieron apoyar la candidatura presidencial de Villarroel.

El coronel Gualberto Villarroel, presidente constitucional de Bolivia.
El nuevo gabinete, integrado por militares y civiles “apolíticos”, carecía de una línea definida y no despertaba el apoyo popular. El PIR (Partido de Izquierda Revolucionaria) ganó las elecciones de diputados en La Paz, se acrecentó el aislamiento militar lo que los llevó a reforzar los organismos policiales y a adoptar una política más represiva. Ante atentados y secuestros se incrementaron la oposición de izquierda y de derecha, que denunciaron los métodos nazifascistas.

El programa del P.I.R., ya en 1961.

La elección de un vicepresidente aisló más al grupo gobernante. La discordia entre Radepa y el MNR minó más la poca unidad del gobierno, aislado e impopular, lo que estimuló la conspiración.
El 20 de noviembre de 1944 hubo un levantamiento militar en Oruro, los que formaron una junta de gobierno de opositores. Fue reprimida. Terminó con el fusilamiento de dos jefes militares y dos civiles. También eran matados un general, dos senadores y dos opositores detenidos en La Paz y desbarrancados en Chuspipata. Es cierto que hubo un ambiente de terror, pero fue exagerado por la oposición.
Villarroel se dio cuenta que el acercamiento al MNR era inevitable para adquirir gobernabilidad. A fines del ´44 Villarroel ofreció tres ministerios al MNR. Desde Hacienda, Paz Estenssoro, enfrentó a la gran minería, obligándola a tributar los impuestos que debía y aumentando al 63% la proporción de divisas entregadas al Banco Central. Por la guerra, auge de la actividad minera, mayores ingresos fiscales, el presupuesto se equilibró, disminuyen el ritmo inflacionario y le dan valor a la moneda.

Víctor Paz Estenssoro, ministro de Hacienda y Estadística de Villarroel.
 
El ministro de Trabajo también venía con reformas orientadas a la justicia social. Hubo rebaja de alquileres, planes de construcción para viviendas obreras. Los dos gremios más importantes (mineros y ferroviarios) recibieron aumentos importantes: pero no pudieron controlar las organizaciones fabriles.
Villarroel auspicio la reunión del Primer Congreso Nacional Indigenal, promoviendo la sindicalización campesina. Se prohibieron todas las servidumbres personales. Se anuló el pago de trabajo en especie.
Todas estas medidas que parecen progresistas –y seguramente lo fueron para algunos indios-, no llegaban al fondo del problema, pues no afectaban a la propiedad de la tierra. Cuando los aborígenes se movilizaron para reclamarlas, ocupando haciendas, fueron violentamente reprimidos (masacre de Las Canchas, 1945).

Masacre de Las Canchas en la región de Pando (1945).

La política de Villarroel, aunque mantenía intacta la estructura económico-social, irritaba profundamente a la Rosca y a la oligarquía terrateniente, que arreciaban su campaña opositora a través de la prensa, cuyo poder neutralizaba la propaganda oficialista. El Departamento de Estado siempre fue hostil, que con un Libro Azul vinculaban a personajes del régimen con el nazismo. Demoraron seis meses en renovar la venta de estaño, aceptando un aumento de dos centavos por libra. La izquierda, cegada por el fantasma del fascismo, atenta más a lo formal que a las medidas que el gobierno tomaba, consumaba la alianza oligárquico-izquierdista. El Frente Democrático Antifascista motorizado por el PIR reunía al partido Liberal, Republicano-Socialista, Republicano Genuino y Socialista Unificado con las organizaciones sindicales, universitarias y femeninas controladas por los comunistas.

Este fue el resultado de la conspiración de la Izquierda Boliviana en 1946, en lugar de apuntar a La Rosca de los Patiño, se ensañaron con el gobierno que mal que bien era una alternativa interesante. Roberto Hinojosa, colgado en La Paz, junto a Villarroel y otros funcionarios.
La pequeña burguesía urbana, dependiente en lo ideológico de las clases dominantes, coincidía con los “opinólogos” que se trataba de un régimen nazifascista a la boliviana.

Sobre las traiciones ideológicas de la "izquierda", que produce la inmolación de Gualberto Villarroel y de sus leales compañeros: Roberto Hinojosa, Luis Uría de la Oliva, Waldo Ballivián, sacrificados por el compromiso ideológico y el amor a la patria, exponiendo heroísmo sin límite y el dar la propia vida en aras a la lealtad, lo mismo pasaría entre la dirección del PC de Bolivia y el Che Guevara 20 años después.
Resumiendo, mientras el gobierno iba despertando el apoyo de mineros y campesinos, contaba en cambio con la hostilidad de las ciudades.
En abril de 1946 La Paz demostraba su repudio al gobierno al elegir como diputado a Willy Gutiérrez, secretario de la Asociación de Industriales Mineros y director de La Razón –el diario de Aramayo-, mientras estaba encarcelado por su actividad conspirativa.

Félix Avelino Aramayo (el Magnetto boliviano), Franz Tamayo y Florián Zambrana, la cúpula directiva del diario "La Razón", un pasquín desestabilizador de derecha como Clarín o La Nación en la Argentina.
 
El 13 de junio estalló una insurrección de la base aérea El Alto y otros militares intentaban sublevar el regimiento Calama. El entierro de las víctimas se convirtió en una enorme movilización opositora. Se contesta con represión y Villarroel expropia La Razón y Última Hora: vespertino vinculado al grupo Hochschild.

Mauricio Hochschild.
 
Los ferroviarios se sumaron a la agitación y la mayoría de los obreros quedó a la expectativa. Los “rabiosos” sectores de la clase media desencadenaron la ofensiva final contra el gobierno. Primero huelga de bancarios, luego de maestros, filtrándose las organizaciones femeninas y estudiantiles. Éstos tuvieron una víctima, que precipitó la violencia por las calles de La Paz. La  Universidad era un foco de insurrección y el rector, el liberal Ormachea Zalles, gran maestre de la masonería, encabezó al movimiento.
Manifestaciones callejeras, choques de grupos estudiantiles con la policía, saqueos al comercio, las barricadas. Los ministros del MNR renunciaron y constituyeron un gobierno puramente militar. El ejército estaba dividido, pero la mayoría no apoyaba a Villarroel.

La familia Ormachea Zalles compartiendo un vino de honor.  

El 21 de julio de 1946 estalló la insurrección popular que, ante la pasividad de la policía y los militares, se apoderó de los edificios de la Municipalidad, la Dirección de Tránsito y el Panóptico y terminaron irrumpiendo en el Palacio Quemado, linchando a Villarroel y los pocos colaboradores que le quedaban, que fueron colgados en los faroles de la Plaza Murillo.
Así terminaba la experiencia de un gobierno, vacilando siempre entre un abstracto nacionalismo de inspiración militar y la tendencia a enraizarlo en los sectores populares, había apenas iniciado la movilización política de los grupos más poderosos –mineros y campesinos- sin llegar a concretar transformaciones fundamentales. Villarroel, convertido en mártir de la causa nacionalista, dejaba el desafío de una revolución inconclusa.