lunes, 12 de marzo de 2012

12 DE MARZO DE 1930: GANDHI EMPRENDE LA MARCHA DE LA SAL. La lucha del Mahatma Gandhi por la descolonización de la India.

Mahatma Gandhi y la Marcha de la Sal.

El ala radicalizada del Congreso Nacional Indio, dirigida por Nehrú y Subhas Chandra Bose, no se contenta con el estatuto de Dominio que ofertaron los ingleses, exigía la completa independencia (purna svaraj). Por más que Gandhi intentó mediar y amenazó con una nueva campaña no-violenta, los colonialistas declararon que la máxima aspiración que podrían alcanzar algún día era el estatuto de Dominio.


Nehrú y Gandhi.
 
A fines de 1929 el Congreso, presidido por Nehrú, decidió iniciar en repudio una campaña de “desobediencia civil” conducida por Gandhi. La segunda campaña del satyagraha (neologismo inventado por Gandhi, en 1906, para representar un sistema de lucha, resistencia y desobediencia realizadas de manera sistemática -combinación de tácticas y estrategias- con objetivos ético políticos y con una dimensión espiritual) se iba a poner en marcha.
Así, el 26 de enero de 1930, Gandhi difundió un manifiesto para toda la India donde exponía las consecuencias funestas de la situación dependiente nacional y solicitaba la disminución de los impuestos, la supresión del impuesto sobre la sal, la reducción de los gastos militares y de los sueldos de los funcionarios; además pedía: aranceles proteccionistas para la producción india y la liberación de los presos políticos. Gandhi eligió para comenzar su lucha por la dignidad nacional y popular el problema de la sal, que constituía un monopolio estatal manejado por los británicos de la India. Los impuestos que gravaban al elemento salitroso eran onerosísimos, sobre todo para los campesinos pobres.

Gandhi elabora un manifiesto con una serie de solicitudes a los ingleses que variaran la dependiente situación nacional.
 
Los debates a los que asistían los que, no dejaban de ser, clase dirigente india -por más anhelos independentistas que tuvieran-, no eran entendidos por los pobres, por el pueblo. La cuestión del dominio inglés, la autonomía o la independencia no se comprendían por los sectores sociales excluidos, como si se tratara de una problemática a discutir sólo por eruditos. Pero, todas las clases sociales conocían, por sufrirlo en su persona, el impuesto que les hacía sentir que era un artículo de lujo, el de la sal.
A partir del 12 de marzo de 1930 Gandhi, junto a los pobres del pueblo indio, recorrió 400 kilómetros, en 24 días, en una ruta que fue recorrida con pasión y misticismo por la multitud que acompañaba al Mahatma “Alma Grande”. La marcha culminó en Dandi, costas del Océano Índico, donde Gandhi -tras darse un baño ritual- recogió un puñado de sal y agitó su puño mostrando al sorprendido pobrerío el preciado montón de cristales blancos. Desde ahí, sus seguidores repartieron por todo el país versitos enseñando a la población a purificar la sal en forma casera, a lo que el virrey británico respondió con la cárcel para miles de indios y, entre ellos, al protagonista de la ejemplificadora acción: el Mahatma Gandhi.

El Mahatma tomando el puñado de sal del mar.

Pero ya la organización de los satyagrahis (personas que practican y son partícipes del satyagraha) era muy superior a la de los 20. Los indios colapsaban las cárceles, soportaban las porras de metal de la policía y respetaban la consigna de la no-violencia. Esta vez la firmeza moral no pudo ser nuevamente quebrantada.

Gandhi en uno de sus famosos satyagraha.

En 1931 fueron puestos en libertad -sin ningún condicionamiento- Gandhi y los principales líderes del Congreso. El Mahatma se dirigió a Delhi y firmó con el virrey Lord Irwin (más tarde Lord Halifax), el 5 de marzo, el Pacto de Delhi que era una especie de tregua. El gobierno hizo concesiones en el problema de la sal y se comprometió a revisar lo que dictó durante la agitación. Gandhi renunció a exigir una investigación sobre los excesos en la represión y suspendió el movimiento de “desobediencia civil”. Esto tuvo una mala acogida, tanto por parte de los más radicalizados del Congreso, como de los conservadores británicos.

El virrey de la India, Lord Irwin, firmando con Gandhi el Pacto de Delhi.
 
Churchill “el demócrata” dijo que el representante del Imperio se había rebajado al tratar como un igual a Gandhi, “ese intrigante faquir semidesnudo”. Esa actitud soberbia de los colonialistas hizo que los radicales indios se reconciliaran con el Pacto de Delhi, puesto que en definitiva el virrey había tenido que reconocer de hecho al Congreso como representante máximo del pueblo indio.