sábado, 22 de octubre de 2011

28 DE OCTUBRE DE 1955: SE CREA LA JUNTA CONSULTIVA NACIONAL.

Junta Consultiva Nacional de la autodenominada Revolución Libertadora.

Era evidente que dentro del gobierno de la autodenominada “revolución libertadora” se desarrollaba una sorda lucha por el poder, en la que el presidente usurpador Lonardi no llevaba las de ganar. El avance de los “liberales” (lo coloco así entre comillas, porque se sabe lo que son los liberales argentinos, ni pensemos en Harold Laski, sino en el inefable Mariano Grondona) era indisimulado. Ellos sí tenían claro que la “libertadora” se había hecho para eliminar todo vestigio de peronismo. No era como había dicho el “nacionalista católico” (también entre comillas porque suele encubrir al fascismo vernáculo) Eduardo Lonardi había dicho en su primer discurso “Ni vencedores, ni vencidos”. Había vencedores y vencidos, aunque le pesara al general con el uniforme con olor a incienso.

El usurpador Lonardi haciendo el juramento presidencial de práctica.

Esta convicción era uniforme en la Marina, la más gorila de las tres armas (precursoras de las tres A). Esta “valiente muchachada de la Armada” había obtenido un peso sin precedentes en las decisiones de gobierno. A ella pertenecía el vicepresidente “provisional” (¿De dónde habrían sacado esa ficción institucional?) –Que encarnaba, por cierto, al más intransigente gorilismo-, tenía bajo su mando la policía federal y seis de las provincias estaban controladas por interventores navales.
A fin de contrarrestar la influencia de los ministros y asesores “nacionalistas” que apoyaban a Lonardi, los sectores liberales del ejército y la marina, conjuntamente con el contralmirante Isaac Rojas, impulsaron la creación de una Junta Consultiva. Este organismo estaría constituido por representantes de los partidos políticos opuestos al peronismo y lo presidiría el mismo Rojas, completando la teatralización de querer ser un vicepresidente constitucional y mitologizar que la Junta Consultiva era una especie de Congreso. Tendría por finalidad afirmar el rumbo “democrático” de la revolución, neutralizando las supuestas desviaciones totalitarias de “Lonardi”. El presidente no puso reparos a la iniciativa: como su nombre lo indicaba, tendría carácter consultivo y se someterían a su consejo los temas políticos fundamentales. Sería una aceptable transición hacia la normalización institucional, pensaba el iluso.

Lonardi lo abraza a Rojas, sin pensar que lo traicionaría antes que cantara el gallo.

En la Junta Consultiva estaban todos, menos peronistas y comunistas: había lonardistas como Enrique Ariotti y Horacio J. Storni de la Unión Federal; radicales intransigentes como Oscar Alende y Oscar López Serrot, que luego acompañarían a Arturo Frondizi en la UCRI; radicales unionistas como el revolucionario de los bombardeos contra la población civil del 16 de junio Miguel Ángel Zavala Ortiz, quien más tarde sería el Canciller del gobierno “democrático” del Arturo Illia, y Juan Gauna; socialistas como Alicia Moreau de Justo, Américo Ghioldi (futuro embajador en Portugal del genocida Videla), Ramón Muñiz y Nicolás Repetto; y todo el corso de conservadores (José Aguirre Cámara, Reynaldo Pastor, Rodolfo Corominas Segura y Adolfo Mugica); demócratas progresistas (Luciano Molinas, Juan José Díaz Arana, Horacio Thedy y Julio Noble) y demócratas cristianos (Manuel V. Ordoñez y Rodolfo Martínez (h).

El contralmirante Isaac Rojas con la plana mayor de la Armada.

Su papel, durante el breve gobierno de Lonardi, fue el de apoyo político del sector liberal, encabezado justamente  por Rojas. Lógicamente, sólo Ariotti y Storni actuaron en el bando de Lonardi.

Ernestina Herrera de Noble con Julio Noble, integrante de la Junta Consultiva por el partido demócrata progresista. Ver la cara de "soñadora" de la Señora.

El presidente, ya cercado, intenta contragolpear. En la noche del 11 de noviembre da un tardío comunicado: “El gobierno está muy lejos de creer que en la Junta Consultiva estén representadas todas las corrientes de opinión de la política nacional […] No es posible calificar de antipatriotas o de partidarios de la tiranía a todos los que prestaron [al gobierno de Perón] una adhesión desinteresada y de buena fe […] El gobierno prefiere que algunos culpables se liberen y no que personas desprovistas de culpa padezcan una persecución que no merecen […] En ningún caso, dividiré a la clase obrera para entregarla con defensas debilitadas a las fluctuaciones de nuestra economía y de nuestra política […] Las legítimas conquistas de los trabajadores serán mantenidas y acrecentadas” (Eduardo Lonardi citado por Gerardo López Alonso).