viernes, 18 de junio de 2010

19 DE JUNIO DE 1764: NACIMIENTO DE ARTIGAS.

José Gervasio Artigas, joven.

Otra vez recurrimos a alguien que por su condición de oriental, poeta y tal vez el más grande escritor latinoamericano, debemos seguir:

Eduardo Galeano.

EDUARDO GALEANO: MEMORIA DEL FUEGO. II. LAS CARAS Y LAS MÁSCARAS. Buenos Aires, Editorial Siglo XXI, 1988.




Campos de la Banda Oriental (1811)

"NAIDES ES MÁS QUE NAIDES",

"dicen los jinetes pastores. La tierra no puede tener dueño, porque no lo tiene el aire. No se conoce mejor techo que las estrellas, ni gloria que se compare con la libertad de vagar sin rumbo, sobre el caballo amigo, a través de la pradera ondulada como mar.



Habiendo reses que voltear en campo abierto, hay casi todo. Los gauchos no comen más que carne, porque la verdura es pasto y el pasto es para las vacas. El asado se completa con tabaco y caña, y con guitarras que cantan sucedidos y milagros.
Los gauchos, hombres sueltos que el latifundio usa y expulsa, juntan lanzas en torno a José Artigas. Se encienden las llanuras al este del río Uruguay".




Debemos agradecer que la confundida historiografía liberal lo considere "el prócer" de la República Oriental del Uruguay -muy lejos de lo que siempre él quiso ser, uno más dentro de la gloriosa Patria Grande que integraría a los Puelos Libres del Sur, por Artigas fundados-, porque sino no lo hubieran considerado "prócer" también la confundida historiografía uruguaya liberal se hubiera sentido ofendida en su decoro "nacional". No le faltó nada al andamiaje histórico creado por Mitre y sus secuaces llamarlo "bandido, contrabandista, gaucho sucio, defensor de la barbarie"... y un montón de epítetos más. Para satisfacción de los que aún soñamos con la Patria Grande Latinoamericana, podemos decir con orgullo "profano": "Artigas nunca quiso ser uruguayo".



El general Nicolás de Vedia, ha aseverado que José Gervasio "era un muchacho travieso e inquieto y propuesto sólo a usar de su voluntad; sus padres tenían establecimientos de campaña, y de uno de éstos desapareció a la edad como de 14 años, y ya no paraba en sus estancias sino una que otra vez, ocultándose a la vista de sus padres. Correr alegramente por los campos, changuear y comprar en éstos ganados mayores y caballadas para irlos a vender a la frontera del Brasil, algunas veces contrabandear cueros secos, y siempre haciendo la primera figura entre los muchos compañeros, eran sus entretenimientos habituales. Jugaba mucho a los naipes, que es una de las propensiones más comunes entre los que llamaremos gauchos; tocaba el acordeón". La descripción, aunque sin duda tiene propósitos peyorativos, pone de relieve el espíritu campero del jovencito Artigas, y muestra a las claras que desde su adolescencia, y a lo largo de veinte años, aprendió a conocer las modalidades características de su pueblo oriental. Nada tiene de raro, pues, que a su hora el paisanaje lo siguiera con devoción.

Nicolás de Vedia.

En 1797 ingresó Artigas al ejército como soldado de Blandengues, y desde esa última condición castrense comenzó a destacarse en la actividad de "perseguir los ladrones, contrabandistas e infieles". Su fama de corajudo cundió en la campaña oriental, hasta el extremo de que un tal Chaves, famoso bandido portugués, prefirió entregarse antes de vérselas cara a cara con el bravo blandengue. Esa misma fama hizo que fuera designado capitán de milicias de caballería de Montevideo al poco tiempo (1798), y pasará enseguida al regimiento de Blandengues como Ayudante Mayor. Con ese grado, y por especial recomendación del virrey Avilés, sirvió a las órdenes directas del sabio español Félix de Azara, a fin de orientarlo y ayudarlo "por su mucha práctica de los terrenos y conocimiento". Luego actuó en la guerra contra Portugal y, al cabo de una penosa enfermedad, retornó a sus recorridas por la campaña hasta 1805, en que obtuvo su retiro con goce de fuero militar y uso de uniforme. Volvió a las filas para las invasiones inglesas, y ya no abandonó la función catrense. El 5 de septiembre de 1810 fue ascendido a capitán de Blandengues, y con ese grado se hallaba en la Colonia de Sacramento cuando resolvió fugar y trasladarse a Buenos Aires con Rafael Hortiguera y el cura José María Enríquez de la Peña, dispuesto a reclutar para la causa patriota "tantos soldados como americanos habitan la campaña". El hombre que hasta entonces se había esforzado "para garantizar a los vecinos de los malevos" usaría ahora su influencia y sus conocimientos empíricos para servir a la causa de Mayo.

Artigas, capitán de Blandengues.

No era Artigas, pues, un paisano más que se plegaba a la Revolución. Era un militar de carrera altamente prestigiado y respetado. Hacia 1810, su figura era bien conocida. Tanto era así, que Mariano Moreno, cuando redactó el Plan Revolucionario de Operaciones, recomendó muy especialmente obtener el apoyo de este personaje para promover la rebelión en la Banda Oriental. Con Moreno coincidía el capitán Salazar, cuando informaba a las autoridades españolas que el pasaje de Artigas a la causa patriota era harto significativo y peligroso, "por sus dilatados conocimientos en la persecución de vagos, ladrones, contrabandistas e indios charrúas y minuanos que la infectan (a la campaña) y causan males irreparables, e igualmente para contener a los portugueses que en un tiempo de paz acostumbran usurpar nuestros ganados y avanzan impunemente sus establecimientos dentro de nuestras líneas".

Artigas, inmortalizado en tiempos de la Revolución de Mayo.

Conforme a lo señalado por José María Traibel en su estudio sobre Artigas antes de 1811, este personaje tenía un extraordinario ascendiente en la campaña uruguaya, y era admirado por amigos y enemigos. El mismo Mitre, a pesar de su animosidad contra el caudillo por el hondo antagonismo ideológico y político, cuando afirmó: "Sereno y fecundo en arbitrios, siempre se mostró superior al peligro. Artigas era verdaderamente un hombre de hierro. Cuando concebía un proyecto no había nada que lo detuviera en su ejecución; su voluntad poderosa era del temple de su alma y el que posea esta palanca puede reposar tranquilo sobre el logro de sus empresas. Original en sus pensamientos como en sus maneras, su individualidad marcada hería de un modo profundo la mente del pueblo". Sin lugar a dudas, Artigas conocía a sus paisanos mejor que nadie, y sabía cuánto eran capaces de dar. Ese conocimiento profundo de la multitud oriental le permitió interpretarla y dirigirla. Y como el pueblo rioplatense no se diferenciaba mayormente del oriental, su personalidad se extendió allende los límites provinciales, dominó el litoral e influyó poderosamente en las provincia interiores.

Bartolomé Mitre, historiador.

A principios de 1811, como se ha dicho, este destacado personaje ¿uruguayo? se presentó en Buenos Aires para ofrecer sus servicios. La Junta Grande no fue demasiado generosa, pues le dio 200 pesos y 150 hombres para que inciara la rebelión en su provincia natal, en donde debía llevar "el estandarte de la libertad hasta los mismos muros de Montevideo". El 9 de abril de 1811 Artigas llegó a territorio Oriental, en donde sus paisanos se hallaban ya comprometidos, desde el 28 de febrero, a jugar vida y fortunas por la causa iniciada en Buenos Aires. Bajo su influjo, "vecinos establecidos, poseedores de buena suerte y de todas las comodidades" se alistaron al movimiento, siguiendo al jefe espontáneo de las milicias orientales que secundó a Belgrano durante su jefatura del ejército.