domingo, 19 de julio de 2009

19 DE JULIO DE 1979: TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN SANDINISTA EN NICARAGUA.

A pesar de lo que diga el final de estas líneas, escrito durante el "gobierno" de Violeta Chamorro, actualmente el gobierno sandinista sigue triunfando, apoyado por la revolución bolivariana de Venezuela.

La Revolución Nicaragüense no siguió ni el modelo soviético ni el modelo chino. Puesto que no fue la clásica insurrección de los "soviets", ni la guerra popular prolongada de inspiración maoísta, consistente en la ocupación de los campesinos de las ciudades más importantes. En Nicaragua, tampoco se impuso la tesis foquista ni la insurreccional espontaneísta. El triunfo de la revolución nicaragüense fue el resultado de una combinación de guerrilla rural y urbana con una masiva insurrección popular de los trabajadores del campo y la ciudad que culminó en una guerra civil. La mayoría de los partidos de izquierda ha subestimado el papel de la guerrilla rural y urbana del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), poniendo solamente el acento en las huelgas generales y la insurrección popular. A nuestro juicio, no se puede comprender la magnitud de la insurrección popular sin relacionarla estrechamente con la lucha guerrillera. En rigor, la revolución comenzó con una guerra de guerrillas urbana y rural que se fue combinando con acciones de masas y huelgas generales hasta transformarse en un levantamiento armado que abarcó a la gran mayoría de los trabajadores.

Insurrección popular sandinista del 19 de julio de 1979.

Los orígenes de la lucha armada se remontan a las guerrillas promovidas por el FSLN durante las décadas de 1960 y 1970. Esta guerrilla, al comienzo esencialmente rural, retomando la tradición de lucha de Augusto César Sandino, sufrió cambios a lo largo del proceso. Comenzó actuando con una concepción foquista, al igual que otras corrientes guerrilleras que se autotitulaban castristas. A partir de 1975, se inició un proceso de diferenciación en el interior del FSLN, diseñándose tres corrientes (espero que vayan tomando nota los compañeros hondureños): la Tercerista, la Guerra Popular Prolongada y la Tendencia proletaria. Desde ese instante, entró en crisis la concepción foquista, acentuándose las operaciones ligadas a las masas trabajadoras.

Retoman la tradición de lucha de Augusto César Sandino, General de Hombres Libres.

Una de las características de la revolución Nicaragüense fue haber logrado una guerrilla integrada por obreros y campesinos, que estimuló la insurrección de masas, toma de zonas rurales y urbanas. La guerrilla nicaragüense triunfó porque no fue o, mejor dicho, dejó de ser foquista.

Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Comandante Gaspar García Laviana.

En este proceso de lucha se fue generando un poder dual. Desde 1978, sobre todo en las comunas del frente norte (León y otras ciudades) estuvieron enfrentados el poder burgués de Somoza y el poder popular emergente. Había dualidad de poderes entre el poder estatal de la dictadura somocista y las zonas rurales y urbanas en manos de los trabajadores. La insurrección se caracterizó por un vigoroso movimiento de autoorganización de poder popular en ciudades como Masaya, Jinotepe, Matagalpa, etc. Estos organismos de base denominados Comités de Defensa Civil (CDC) surgieron desde septiembre de 1978 como respuesta a la represión; luego, participaron en la insurrección en tareas relacionadas con la centralización de la lucha, distribución de alimentos, asistencia médica y administración local.

Bienvenida de los soldados sandinistas en León en 1978.

A la caída de Somoza y con la instauración de un gobierno apoyado por las masas, el poder dual adquiere características sui generis. No se dio la forma clásica de la dualidad de poderes de la revolución rusa. En Nicaragua, no hubo un claro poder dual entre las instituciones representativas de las clases -como lo hubo entre los soviets y el gobierno burgués de Kerensky- sino un poder dual "por abajo", es decir, en las fábricas, campos y otras empresas donde los obreros y los campesinos ejercían el control obrero, cuestionando permanentemente la propiedad privada capitalista.

Las bases sandinistas en Nicaragua cuestionan a la sociedad capitalista.

La Revolución Nicaragüense entró desde el comienzo en un proceso de revolución ininterrumpida, en el cual no sólo se derrocó a la dictadura sino que también se destruyó el ejército burgués, entrando en crisis el aparato del Estado. Se tomaron medidas democráticas, como la reforma agraria y la lucha antiimperialista, que se combinaron al mismo tiempo con algunas tareas socialistas.

En la Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades nicaragüenses vemos el comienzo de la Reforma Agraria en el país de Sandino.

Algunos han pretendido ver en la Revolución Nicaragüense la confirmación de la teoría de la revolución por etapas, señalando que el Gobierno de Reconstrucción Nacional cumplió sólo tareas democrático-burguesas. Habría que recordarles que la teoría de la revolución por etapas plantea la instauración de un gobierno liderado por la burguesía "progresista", encargada de acometer las tareas demo-burguesas. Pues bien, en Nicaragua no hubo un gobierno dirigido por la burguesía sino un gobierno de coalición donde el Frente Sandinista tuvo la hegemonía. Este gobierno realizó tareas que no se limitaron al plano democrático sino también al inicio de la construcción del socialismo.

Daniel Ortega, Coordinador de la Junta de Reconstrucción Nacional.

Los que sostienen que en Nicaragua se ha cumplido la teoría de la revolución por etapas señalan que el derrocamiento de Somoza fue posible por el papel progresista jugado por la burguesía. No se desconoce que sectores de la burguesía actuaron contra Somoza, pero tuvieron que subordinarse a la dirección política y estratégica del Frente Sandinista. No hay que olvidar que hasta último momento el FAO (Frente Amplio de Oposición) trató de llegar a un acuerdo con el dictador para establecer un gobierno de recambio y que estas negociaciones fueron rechazadas por el FSLN. Lo que en Nicaragua se impuso no fue la política de colaboración de clases con la burguesía "progresista", sino la política revolucionaria del FSLN, que, sin negarse a un acuerdo puntual con sectores burgueses antisomocistas, estableció desde el inicio la hegemonía política de la clase trabajadora.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional marcó la hegemonía de la clase trabajadora.

La política de alianzas del FSLN tuvo como columna vertebral a los obreros y campesinos. El motor de la revolución nicaragüense fue el proletariado urbano y rural, en alianza cono los campesinos y las clases medias empobrecidas, cuya participación fue decisiva en la insurrección popular armada. Ningún político que se precie de serlo puede sostener que la burguesía tuvo una participación fundamental en el derrocamiento de Somoza.

Política de alianzas del FSLN.

Otra de las principales lecciones de la Revolución Nicaragüense fue poner de manifiesto no sólo el papel del proletariado y el campesinado en la revolución, sino también de otros explotados, como los trabajadores del sector público y las capas medias asalariadas. También fue relevante el papel de los Cristianos por el Socialismo y el accionar de las mujeres, organizadas en AMPROMAC y la participación del movimiento indígena. "Monimbó es el corazón de la Revolución" no fue sólo una frase, sino que expresó el protagonismo que desempeñaron los indígenas en la lucha por el derrocamiento de la dictadura somocista. Es conocido el ingrato desenlace que tuvo esta revolución triunfante durante el proceso de construcción de una sociedad alternativa al capitalismo, cuya evolución y posterior derrota no han sido elementos lo suficientemente bien sistematizados por los propios nicaragüenses. Cualesquiera que sean las explicaciones que proporcionen los protagonistas de este proceso histórico, el fracaso de esa relevante experiencia significó un retroceso en los sueños y la utopía por la unidad de nuestros pueblos latinoamericanos.

Los indígenas en la revolución nicaragüense, indios misquitos.