sábado, 26 de julio de 2014

29 DE JULIO DE 2000: SE SUICIDA EL DR. RENÉ G. FAVALORO. GERARDO MORALES Y RODRÍGUEZ LARRETA, LOS INSTIGADORES.


Dr. René Gerónimo Favaloro, en su consultorio 
en la Fundación por él creada.

El cardiocirujano René Favaloro se mató de un disparo en el corazón. Todo indica que en ese momento se encontraba solo. Su secretaria personal encontró, pasadas las 17:00, el cuerpo tirado en el baño del departamento de Palermo Chico en el que vivía. Media hora después un médico del SAME constató el fallecimiento de uno de los científicos más prestigiosos del país. Favaloro tenía 77 años, no tenía hijos, vivía solo y su fundación estaba pasando por una difícil situación económica. Antes de apretar el gatillo del revólver calibre 38 que apareció junto a él, dejó sobre su escritorio media docena de cartas cuyo contenido seguramente revelará el motivo de la trágica determinación que acabó con su vida. El gobierno de De la Rúa dispuso decretar duelo nacional e izar la bandera a media hasta el día de sus exequias.

Rodríguez Larreta no creyó ni en la documentación, ni -en lo que es peor- la palabra del Dr. Favoloro sobre la deuda del PAMI, por lo que envió insensiblemente una "verificación" (eufemismo por intervención) a la Fundación, situación que una persona honrada y respetable como el Dr. Favaloro no soportó.

“Se trata de una verdadera paradoja que el hombre que salvó tantos corazones haya apuntado a su propio corazón”, aparentemente se lamentó el ministro de Salud Héctor Lombardo, uno de los primeros en llegar al departamento de Favaloro, en Dardo Rocha 2965 segundo piso. Lombardo fue uno de los pocos que pudieron acceder a la escena mientras todavía trabajaban los peritos de la Policía Federal y los auxiliares del Juzgado de Instrucción Nº 11, a cargo de Roberto Grispo.

Dr. Héctor Lombardo, ministro de Salud de la gestión o de la falta de gestión de De la Rúa.
“Dejó muchas cartas dirigidas a familiares y amigos”, confirmó poco después el médico Tulio Huberman, amigo personal de Favaloro y otro de los primeros en acercarse hasta el departamento cuando el cuerpo del cirujano que practicó más 13 mil “by-pass” aún permanecía en el baño de su casa con un tiro que le atravesó el corazón.

Llegada de Lombardo al departamento del doctor Favaloro en Palermo Chico, donde momentos antes el cardiocirujano se había pegado un tiro.

“No habrá velatorio”, anticipó uno de los familiares de Favaloro, quienes prefirieron mantener un absoluto hermetismo en torno a los posibles motivos que lo podrían haber llevado a tomar tal decisión. Tampoco se pudo saber cómo fue que la secretaria de Favaloro, una médica de 35 años, llegó y entró al departamento del cirujano poco después de que éste se hubiera quitado la vida.

Una de las tantas argumentaciones de Favaloro incómodas para el establishment.
La hipótesis del suicidio fue oficiosamente confirmada por los efectivos policiales que llegaron hasta el lugar al mando del jefe de la comisaría 53ª, Daniel Rodríguez, quien se puso al frente de la investigación. De todos modos, ayer por la noche el cadáver del cardiocirujano fue trasladado hasta la morgue judicial para realizar la autopsia en la que se definirá cómo sucedió su muerte. Mientras tanto, la Justicia caratulará el caso como “muerte dudosa”.
En un breve comunicado, la Fundación Favaloro evitó dar mayores detalles sobre la muerte de su fundador. “No vamos a hacer ningún tipo de declaraciones, y el lunes seguiremos adelante con su obra, como siempre”. Fue todo lo que dijeron.

Fundación Favaloro.
Las dificultades económicas del eminente cirujano fueron confirmadas por el ministro Lombardo. “Nos encontramos hace nueve días y en esa oportunidad él me manifestó que su fundación estaba pasando por un mal momento, y que apenas llegaba a pagar los salarios”. El funcionario agregó que durante la reunión le prometió estudiar “una dinámica que permitiera incorporar la fundación al ámbito público” para evitar así su cierre. El cirujano también habría mantenido una charla con el presidente Fernando de la Rúa en torno al mismo tema: el Estado financiero del centro de salud.

Enrique Torrendell, Presidente de la Fundación Internacional Talentos para la Vida, con Favaloro y su "amigo" De la Rúa, apenas un año antes de la decisión fatal del cardiocirujano.
 
El doctor Federico Mautner, que durante 12 años fue un estrecho colaborador de Favaloro, contó: “Lo vi (el viernes) y en su comportamiento no noté ningún síntoma de depresión o angustia. Incluso hablamos del viaje que tenía previsto hacer en noviembre a España para recibir el doctorado Honoris Causa que le iba a otorgar la Universidad de Barcelona. También conversamos sobre el libro que estábamos elaborando juntos. Inexplicable”.

Fernando de la Rúa toma juramento al secretario de Desarrollo Social, protagonista de los hechos "Favaloro", Gerardo Morales.
Pero la cuestión fue así, el PAMI le debía mucho dinero a Favaloro, esa deuda nunca la pago, y ahogado por las deudas René Favaloro se terminó suicidando. A la fecha del suicido, Gerardo Morales era secretario de desarrollo social, y Rodríguez Larreta era el interventor del organismo, es decir, los verdaderos asesinos.

viernes, 25 de julio de 2014

24 DE JULIO DE 1823: MARTÍN RODRÍGUEZ Y RIVADAVIA FIRMAN EL DECRETO DE CREACIÓN CON INGLATERRA DE UN CÍA. DE EXPLOTACIÓN DE YACIMIENTOS MINEROS (BASE DE LA MINNING ASOCIATION).



Un folleto que en esos días circulaba por la City londinense como pan caliente, narraba historias extraordinarias y fantásticas. Se decía, por ejemplo, que después de las lluvias el oro era arrastrado por el agua hasta los jardines de las casas. Se hablaba de que en la calle el oro se confundía con los cascotes y que el único trabajo para recogerlo era agacharse. Debajo de la hojarasca, a la vera de los caminos, entre los pastizales de los potreros, el oro yacía abandonado a la espera de que alguien fuera a recogerlo. 

Bernardino Rivadavia, ministro del gobernador Martín Rodríguez, dictó un decreto autorizándose a sí mismo para “promover la formación de una sociedad en Inglaterra, destinada a explorar las minas de oro y plata que existan en las Provincias Unidas”, sin importarle el hecho de que por ser él ministro y Rodríguez gobernador de la provincia de Buenos Aires, mal podría especular sobre las minas de las Provincias Unidas. Es que habían sido publicadas en Londres algunas cartas, como la de Ignacio Núñez –secretario de Rivadavia- que transcribe J. A. Beaumont en un casi desconocido libro titulado Travels in Buenos-Ayres and the adjacent province of the Río de la Plata –Londres, 1828-, en las que describía la inexplotada riqueza minera de Sud América, como el cerro Famatina. Consideren el entusiasmo que despertarían párrafos como este: “podemos afirmar sin hipérbole que esas minas contienen la más grandes riquezas del universo. Basta con esta aserción afirmada por muchísimos testigos: en algunos lugares el oro fluye con la lluvia; y en otros, las pepitas ruedan de los cerros”.

El gobernador de La Rioja, Luis Beder Herrera, anunció hoy que el proyecto minero en el cerro Famatina se demorará "el tiempo que sea necesario" a fin de "explicar" sus alcances a la población, a la vez que garantizó que "no va a haber otra actividad mientas la gente no esté de acuerdo" con el proyecto.
 
Rivadavia en junio de 1824 fue a Europa. Allí forma con los banqueros Hullet Brothers tres compañías para explotar las riquezas argentinas (denominadas: Building River Plate Association; River Plate Agricultural Association y River Plate Minning Association), esta última con el objeto de explotar las fabulosas riquezas del Famatina. Y acepta el cargo de presidente del directorio con 1.200 libras de sueldo, reteniendo acciones de fundador. La Minning adquirió la concesión del monopolio minero en el Río de la Plata, pagando 35 mil libras a Hullet Brothers, agentes financieros de Rivadavia.

Bernardino Rivadavia, el más grande vendepatria de la Historia Argentina; el "falso presidente".
 
Vuelve a Buenos Aires en octubre de 1825 y “como encuentra que el orden provincial, la ley fundamental y el gobierno del general Las Heras son un obstáculo insalvable a la realización de lo que trae proyectado –él mismo lo dice- derroca por confabulación y por medios irregulares al régimen provincial, la ley fundamental y al gobernador Las Heras, dando cuenta a los señores Hullet Hermanos de que ahora ya tiene en sus manos cómo hacer efectivo lo convenido”.
Son curiosas las cartas que Rivadavia envía a los banqueros Hullet. No son documentos desconocidos (se encuentran en la “Historia” de López). El 6 de noviembre de 1825, escribe: “El negocio que más me ha ocupado, que más me ha afectado y sobre el cual la prudencia no me ha permitido llegar a una solución, es el de la Sociedad de Minas… a vuelta  de un poco de tiempo más, y con el establecimiento del gobierno nacional, todo cuanto debe desearse se obtendrá”.

Mina de Famatina en La Rioja.
 
Las preocupaciones de Rivadavia las motivaba la circunstancia de que, desde 1822, una compañía criolla explotaba los yacimientos –no muy florecientes por cierto- del cerro Famatina; esta compañía se llamaba Establecimiento de Casa de Moneda y Mineral de Famatina, y estaba integrada por capitalistas del interior y de Buenos Aires. Había obtenido la concesión del Famatina por resolución de la provincia de La Rioja.

Es preciso acudir a la historia para escrutar la causa de todos los males mineros, de lo mucho que falta para avanzar en esta actividad, fuente esencial para la capitalización nacional y la industrialización.
Y que la Ley Fundamental dictada durante su ausencia, al mantener el régimen federal, permitía a La Rioja disponer de sus riquezas. Era prudente no precipitar la entrega del cerro, pues uno de los accionistas de la empresa riojana era Facundo Quiroga, no muy accesible por cierto a componendas con los banqueros del Támesis.

Juan Facundo Quiroga, caudillo y hombre muy rico de La Rioja.
 
Pero con el establecimiento de un gobierno nacional con jurisdicción sobre las minas de La Rioja, y facultad para disponer de ellas, todo cuanto debe desearse se obtendrá. Los compromisos con los banqueros ingleses lo obligaron por lo tanto a trastocar todo el régimen político, a fin de que la compañía de la cual se hallaba a sueldo pudiera explotar el Famatina. Nada le importó de sus propias declaraciones federales en el Congreso de Córdoba de 1821, nada del tratado del Cuadrilátero de 1822, nada de la Ley Fundamental basada en el federalismo: para retomar el hilo de sus negociaciones con los banqueros ingleses era necesario volver al centralismo directorial.

martes, 22 de julio de 2014

23 DE JULIO DE 2002: MUERE EL CANTOR DE LOS 100 BARRIOS PORTEÑOS ALBERTO CASTILLO.



Alberto Castillo. Cantor (7 de diciembre de 1914 – 23 de julio de 2002) Nombre auténtico: Alberto Salvador De Lucca.

Más que un cantante, Alberto Castillo fue un símbolo. Sin proponérselo, buscó una ubicación en la que no importaba tanto su capacidad vocal (de una perfecta afinación). Nacido el 7 de diciembre de 1914 en el barrio porteño de Mataderos, aunque cantaba desde 1934, durante sus años de estudiante de medicina (obtuvo su título de médico, especializado en ginecología), su debut profesional se produjo en 1939 con la orquesta Los Indios, dirigida por Ricardo Tanturi.

Ricardo Tanturi y su orquesta típica "Los Indios" con Alberto Castillo. Nunca estudió canto, Alberto Castillo, el cantor más arrabalero que tuvo el tango.
 
Todos encontraron en Castillo una buena afinación, un tono irónico, zumbón, un arrastre en el fraseo y una exageración gestual que lo alejaba de los estereotipos. Era distinto al cúmulo de imitadores de Gardel que proliferaban desde su muerte. Al desvincularse de Tanturi, en 1944, para formar su propio conjunto, dirigido sucesivamente por Emilio Balcarce, Enrique Alessio y Ángel Condercuri, Castillo encontró su originalidad.

Jaime Torres, Ángel Condercuri, Danel, Alberto Castillo y O. del Valle. (1950).

Remarcó aspectos distintivos de su vestuario, y al convertirse en actor cinematográfico, subrayó los aspectos marginales de su fonética conversacional, como antes lo había hecho Gardel al acentuar las cadencias arrabaleras en su discurso.

Alberto Castillo -cantor y actor- en la película "El tango vuelve a París".
 
Asumió, así, un rol paradigmático. Vistió trajes azules de telas brillantes, con anchísimas solapas cruzadas que llegaban casi hasta los hombros, el nudo de la corbata cuadrado y ancho, en contraposición a las pautas de clase media elegante, que lo usaban ajustado y angosto. Era ropa emparentada con la moda que –como burla a la plebe- inventó el dibujante Guillermo Divito en las páginas de la revista Rico Tipo.

Alberto Castillo con su llamativa vestimenta.
 
Castillo, así como el boxeador José María Gatica asumían el papel cultural del sector “invisibilizado” que había producido el 17 de octubre de 1945. Pero la realidad decía que era una exageración, porque nadie vestía como ellos. Pero llevando el vestuario a una caricatura, transformaban la aventura en transgresión. Aunque era un universitario, Castillo prefirió ser ídolo, el representante de una clase que hasta ese momento se habían encargado de hacer invisible, pero resurgía de la periferia al centro.
Optó por la burla a la oligarquía: “Qué saben los pitucos, lamidos y shushetas / qué saben lo que es tango, qué saben de compás, / aquí está la elegancia, qué pinta, qué silueta / qué porte, qué arrogancia, qué clase pa’ bailar”, entonaba en Así se baila el tango. Acentuaba sus gestos aferrándose al micrófono. En él, los ademanes fueron provocaciones; para enfatizar ciertos temas, hacía una bocina particular con las manos, lo hacía con el dorso cruzando el rostro, con lo cual el ademán resultaba caricaturesco. Llegó a imitar el saludo de Perón desde los balcones de la Plaza de Mayo, pero en vez de alzar los brazos en un gesto amplio que comprometiera todo el cuerpo, redujo su ámbito gestual y se limitó a enmarcar su cara con los dorsos de las manos.


 
En los años cincuenta, Castillo introdujo la variante de presentarse con un grupo de negros candomberos que bailaban y lo acompañaban con el sonido de los parches del tambor cada vez que entonaba un tema del folclore africano en versión rioplatense.



A pesar de que había filmado varias películas fuertemente taquilleras –Adiós pampa mía (1946), El tango vuelve a París (1948), Un tropezón cualquiera da en la vida (1949), las tres dirigidas por Manuel Romero, y Alma de bohemio y Por cuatro días locos, realizadas por Julio Saraceni en 1949 y 1953 respectivamente-, su arraigo popular comenzó a languidecer hacia mediados de la década del cincuenta, en coincidencia con la instauración de la dictadura “fusiladora”, la que lo consideró peronista, a pesar de que nunca adhirió.


 
Su éxito se cortó de manera abrupta, igual que el proyecto político del cual era su reflejo. Trunco el desarrollo del modelo social que los había engendrado, también quedaban truncos sus productos, y Alberto Castillo había sido –acaso sin deliberación- uno de los más típicos. Su retorno a comienzos de los noventa con la banda Los Auténticos Decadentes parecía otra forma de transgresión, un guiño a sus antiguos seguidores.

domingo, 20 de julio de 2014

22 DE JULIO DE 1941: ÁNGEL VARGAS Y D´AGOSTINO GRABAN TRES ESQUINAS.



Montes de Oca y Osvaldo Cruz. Tres Esquinas era el nombre de una estación del antiguo ferrocarril que, desde 1865, pasaba por aquella zona hacia la provincia.

La letra de Tres Esquinas es de Enrique Cadícamo y la música de Ángel D’Agostino y Alfredo Attadía, bandoneonista del anterior. Fue estrenado por la orquesta del autor de la música con el cantante Ángel Vargas, y grabado por ellos el 22 de julio de 1941. Alude al cruce de las calles Montes de Oca y Osvaldo Cruz, en el barrio de Barracas, y al café llamado “Tres Esquinas”, luego “Cabo Fels”, situado en ese paraje muy cerca del Riachuelo y del nuevo puente Pueyrredón con la autopista que lo cruza.

Ángel D'Agostino y Ángel Vargas.
La zona de Tres Esquinas se encontraba situada sobre la actual Montes de Oca, vía principal del barrio de Barracas, que debe su nombre al ilustre médico y político Manuel Augusto Montes de Oca, (Resolución Municipal del 30 de julio de 1883).
Desde 1865 en la esquina de Osvaldo Cruz con las calles Vieytes y Herrera existía la estación del antiguo ferrocarril llamada Tres Esquinas que pasaba por aquella zona hacia la provincia de Buenos Aires. Venía desde Venezuela y Paseo Colón y después de las estaciones Casa Amarilla, La Boca, Barraca Peña, llegaba hasta Montes de Oca y Cruz, antes de cruzar rumbo a Quilmes y al puerto de Ensenada. Ese recorrido existió hasta 1910, cuando el ramal cambió por el Ferrocarril Sud con cabecera en Constitución, y la estación fue demolida en junio de 1955.

Barracas: la toma está hecha desde la actual vereda norte de Osvaldo Cruz, entre Vieytes y Herrera ( ésta última a la espalda ). El edificio de la izquierda es el actual salón de "Señor Tango".
 
En Tres Esquinas también existió un bar con ese nombre, que después paso a llamarse “Cabo Fels”, en homenaje a Pablo Teodoro Fels, un conscripto que el 1 de diciembre de 1912 -sin autorización- realizó el cruce del Río de la Plata en avión (tardó 2 horas y 20 minutos y fue el récord mundial de vuelo sobre agua, sin embargo lo sancionaron, pero después el presidente Roque Sáenz Peña lo indultó y lo ascendió a cabo).

Conscripto, ascendido a cabo, Pablo Teodoro Fels.
 
En aquel rincón porteño, en 1914, se construyó un edificio que todavía se mantiene. En la planta baja había una cervecería (hoy se llama “Vieja Esquina”), donde empezaba a cantar un muchacho de la zona. Su nombre: José Ángel Lomio. Era a mediados de la década del veinte. Ese joven cantor, que también se presentaba en el bar de enfrente, después se hizo popular como Ángel Vargas, “el ruiseñor de las calles porteñas”. Y uno de sus mayores éxitos fue justamente el tango “Tres esquinas”.

José Ángel Lomio, más conocido como Ángel Vargas, "el ruiseñor de las calles porteñas".
 
De aquel barrio de Tres Esquinas todavía perduran algunos edificios y galpones de la estación Barracas que la compañía de Tranvías Anglo Argentina tenía con entrada sobre Montes de Oca. Además de las casonas con veredas altas para evitar las inundaciones, los galpones hoy los usan empresas de ómnibus de larga distancia.
El tango “Tres Esquinas” primeramente se llamaba “Pobre piba” y era instrumental, pero veinte años después Cadícamo le puso letra y Ángel Vargas, con la orquesta de D’Agostino, lo grabó para el sello RCA Víctor.
Hay muchos tangos o versos que los oyentes van reconociendo y al escuchar a la orquesta de Ángel D’Agostino, con la voz de Ángel Vargas cantando uno no puede dejar de disfrutar y por qué no, al cerrar los ojos, imaginar el barrio mientras se escucha:
“Yo soy del barrio de Tres Esquinas, viejo baluarte del arrabal…”
La palabra “arrabal” proviene de la expresión árabe “al rabad” que derivó en “arrabád”, para llegar al castellano como la conocemos ahora. Con ella se define al barrio que está fuera del poblado al que pertenece o en los extremos de esa población. En Buenos Aires hubo zonas que hoy son parte de la ciudad y que alguna vez se definieron como el arrabal porteño. Una de ellas fue “Tres Esquinas” que, como bien describió el poeta Enrique Cadícamo, era el “viejo baluarte del arrabal”.

El barrio de Tres Esquinas estaba en Barracas, en el cruce de Montes de Oca  y Osvaldo Cruz donde persistió, hasta  1955, la estación  Tres Esquinas del Ferrocarril  Buenos Aires a Ensenada, que funcionó desde 1865 hasta poco antes del Centenario, cuando lo absorbió el Ferrocarril Sud.

Evocaba a “ese barrio que toma mates bajo la sombra que da el parral” y al lugar “donde florecen como glicinas las lindas pibas de delantal”. Claro que el poeta no sólo recordaba que en ese barrio “y bajo el cielo de luna llena duermen las chatas del corralón”, sino que también le ponía el toque de lo que estaba llegando, al afirmar: “yo soy de un barrio que vive aparte en este siglo de Neo-Lux”.

Carlos Gardel tomando mate "bajo la sombra que da el parral".
 
Esa era la marca de unas luces de neón que el Centro mostraba como símbolo de lo moderno.