martes, 23 de septiembre de 2014

25 DE SEPTIEMBRE DE 1929: NACIMIENTO DEL ACTOR “PEPE” SORIANO.



Pepe Soriano, caracterizado de "Abuelo" en Gris de ausencia.

Pepe Soriano, nombre artístico de José Carlos Soriano, nacido en Buenos Aires. Es un actor y director que ha trabajado en su país y en España.

José Carlos Soriano, más conocido como "Pepe Soriano".
Pepe Soriano se ha destacado por sus interpretaciones tanto en cine, como en teatro y televisión. Entre las representaciones más recordadas se encuentran, en cine, el alemán Schultz en La Patagonia Rebelde (1974), el nono Severino Di Filippi en No toquen a la nena (1976), Lisandro de la Torre en Asesinato en el Senado de la Nación (1984), en teatro su unipersonal en Lisandro, y en la televisión su personaje de abuelo italiano de Don Berto, y la terrible abuela de La nona (1979) es decir la del nombre de ficción Carmen Racazzi.
Sus primeros trabajos en cine fueron: Adiós muchachos (1955); El protegido (1956); Hotel alojamiento (1966); Cuando los hombres hablan de mujeres (1967); Tute Cabrero (1968); Psexoanálisis (1968); El ayudante (1971); Heroína (1972); Las venganzas de Beto Sánchez (1973), protagoniza a Beto Sánchez y Los gauchos judíos (1974).       
También las películas: Netri, el mártir de Alcorta (inconclusa - 1977); Sentimental (1980), hace de Piatti; Pubis angelical (1982); La invitación (1982) y Los enemigos (1983), donde participa de él mismo.


Los filmes que siguieron en esta última etapa fueron: Otra esperanza (1984); Te amo (1986) en la que compone a un mago y Pobre mariposa (1986).


En España es recordado por la película Espérame en el cielo (1988), en la que interpreta a un doble del dictador Francisco Franco e interpreta, un tal Paulino Alonso; y por la exitosa serie de televisión Farmacia de guardia en su primera temporada (1991-1992).



Al volver a la Argentina filmó las películas: Matar al Nani (1988), en la que actuó de padre de Nani; País cerrado, teatro abierto (1989), obró como él mismo; La taberna fantástica (1991); El mar y el tiempo (1989), interpretó a Jesús; El tesoro (1990) (como Pepe Soriano) compuso a Don Lino y Funes, un gran amor (1993).


Obtuvo el Premio Konex en 1981 como una de los actores más importantes del Cine argentino. Ganador del Cóndor de Plata al mejor actor en 1971 por Juan Lamaglia y Señora (1970), filme que protagonizó con Julia von Grolman.


Es del elenco del filme que escribió su homónimo Una sombra ya pronto serás (1994) y en 1995 recibió el Cóndor de Plata al mejor actor de reparto esa película. Luego las siguientes películas: La maestra normal (1996) y Momentos robados (1997). En 1998 la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina le entregó el Premio Cóndor de Plata a la trayectoria.


Algunas de sus películas en la que jugó distintos papeles fueron: Sus ojos se cerraron (1998) en la que hace de Pepe; Cóndor Crux (1999), interpreta desde la voz al Dr. Crux; Ángel, la diva y yo (1999), actúa de Ángel Ferreyros; Corazón de fuego (2002) interpreta a Dante Minetti, "Secretario"; Lugares comunes (2002); El último tren (2002), donde protagoniza a Dante. En la película La suerte dormida (2003), hace de sí mismo. Tacholas, un actor galaico porteño (2003) fue una experiencia fílmica en la que hace de entrevistado. En Avellaneando, que es un mediometraje de 2004, oficia de entrevistado.



Como el Senador Madariaga actuó en la película Cargo de Conciencia, en 2005 En la película A través de sus ojos, en 2006, participó como Lito. En 2007 tomó el papel de Isidoro en El Brindis. En 2010 actuó en el filme Babilonia, la noticia secreta y ese mismo año fue declarado ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.


Es recordado su trabajo actoral en teatro: La laguna dorada (actor); El violinista en el tejado (actor); Gris de Ausencia (actor); Visitando al Sr. Green (actor); Celebration (actor); El Loro Calabrés (autor, actor, director; desde 1975); La nona y Lisandro (1974).


Y en televisión: Rito de adviento (1970); El tobogán de Jacobo Langsner (1971); Esperando la carroza de Jacobo Langsner (1972); Miguel Servet, la sangre y la ceniza (1989); La huella del crimen 2: El crimen de las estanqueras de Sevilla (1991).

lunes, 22 de septiembre de 2014

24 DE SEPTIEMBRE DE 1962: EL GENERAL JUAN CARLOS ONGANÍA ES DESIGNADO COMANDANTE EN JEFE DEL EJÉRCITO.



El Ejército se dividió entre azules y colorados. Los "azules" impusieron al general Juan C. Onganía como Comandante en Jefe del Ejército. 

El sector más profundamente antiperonista de los uniformados (“los colorados”) logró colocar a políticos adictos en el gobierno de José María Guido: el radical Carlos Adrogué es ministro del Interior, el liberal-conservador Adolfo Lanús tiene a su cargo la cartera de Defensa y a su vez, los generales Lorio y Labayrú ocupan la Comandancia en Jefe del Ejército y la Jefatura de Estado Mayor respectivamente. El general Cornejo Saravia (colorado) es secretario de Guerra. Pero, aun entre ellos hay diferencias con respecto al camino a seguir; algunos prefieren controlar el poder y manejar al presidente tutelado; otros consideran necesario voltearlo y asumir directamente el poder.

El presidente tutelado José María Guido: inexistente. En el más amplio sentido del concepto ¡inexistente!
 
Aunque dentro del ejército, creció en los últimos tiempos un importante sector que se les opone. Son los “azules”, que parecen repudiar al liberalismo oligárquico, ya sea con posiciones nacionalistas católicas o con planteos profesionalistas. Entre estos jefes se encuentran varios generales: Onganía, Pistarini, Guglialmelli y Rosas. Según los trascendidos de la prensa, esta corriente sería partidaria de la legalidad y las autoridades constituidas, devolviendo al Ejército a sus tareas específicas.

El general "pitufo" (azul) Pascual Pistarini.
 
La disidencia entre ambas fracciones del Ejército se agrava en las primeras semanas de septiembre de 1962 y el enfrentamiento estalla el día 21, logrando prevalecer el bando azul. Cornejo Saravia, Lorio y Labayrú pierden sus posiciones en el gobierno y el presidente Guido queda ahora sujeto a la decisión de “los azules”, liderados por el general Juan Carlos Onganía.
El bando triunfante da a conocer el comunicado número 150, a través del cual prometen respetar las decisiones del pueblo, “subordinando el poder militar al poder civil”, de tal modo que las Fuerzas Armadas retornen a su misión específica. En ese documento previenen que “propiciamos la realización de elecciones mediante un régimen proporcional que asegure a todos los sectores la participación en la vida nacional, que impida que alguno de ellos obtenga por medios electorales que no responden a la realidad del país el monopolio artificial de la vida política, que exija a todos los partidos organización y principios democráticos que aseguren la imposibilidad del retorno a épocas ya superadas…”. Onganía pasa a desempeñarse como Comandante en Jefe del Ejército y el general Rattenbach es designado secretario de Guerra. La derrota de “los colorados” conmueve a la Marina y son varios los jefes que estiman necesaria una contraofensiva, en cuanto se den condiciones favorables, para frenar el avance del sector triunfante en el Ejército, a quien alguno adjudica tendencias nacionales, industrialistas o admiración por el líder egipcio Gamal Abdel Nasser, de posiciones nacionalistas.

El joven "intelectual" Mariano Grondona, 
autor del comunicado 150 de los triunfantes "azules".
 
El nuevo ministro del Interior, Rodolfo Martínez, con Mariano Grondona como subsecretario, se aboca a la tarea de encontrar una salida política a la crisis. En diciembre de 1962, los militares “azules” consolidan su poder al sofocar un levantamiento de la Aeronáutica, cuyo jefe es el brigadier Cayo Alsina.

Rodolfo Martínez, nuvo ministro del Interior de Guido. Otro gorila proveniente del partido demócrata cristiano.
 
El 5 de diciembre del mismo año renuncian Alsogaray y su equipo. La primera información adjudica su alejamiento a un diferendo con el secretario de Guerra, general Rattenbach. Pero, al día siguiente, Rattenbach manifiesta: “no hay oposición al plan económico y al Sr. Alsogaray. Hay oposición popular, colectiva, a su nombre. Es un fenómeno psicológico. Su retiro no tiende a quebrar la línea económica y quien lo suplante debe continuarla…”. Los diarios agregan que otros altos funcionarios del gobierno coinciden en que “Alsogaray es un efecto psicológico negativo ante la eminencia de la salida electoral por lo cual se arriba a la conclusión de aceptarle la renuncia, pero continuar la política de su equipo y nombrar a un ministro que no altere su línea económica”. Efectivamente, para ello designan a Eustaquio Méndez Delfino, expresidente de la Bolsa de Comercio y exfuncionario del gobierno de Aramburu, integrante del elenco estable de economistas de la clase dominante.

23 DE SEPTIEMBRE DE 1987: FALLECE EL POETA HOMERO EXPÓSITO.



El poeta Homero Expósito, el más representativo 
de los creadores de la década del cuarenta.

El poeta Homero Aldo Expósito, nació en Campana, provincia de Buenos Aires, el 5 de noviembre de 1918. A los tres días de nacer fue llevado Zárate, donde pasó su infancia. Siendo adolescente, cursó en el Colegio San José, de Buenos Aires; también fue cadete en el Liceo Militar y estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras. Su temperamento bohemio no era compatible con las disciplinas universitarias. Cuando Héctor Stamponi le propuso acercarlo a los músicos reunidos en torno a Miguel Caló, lo hizo, juntamente con su hermano Virgilio, pianista y compositor.

Homero Expósito nació en Campana, pero a los pocos días fue llevado a Zárate, donde transcurrió toda su infancia.
 
Es el más representativo y de temática más variada entre los creadores surgidos en la década del cuarenta. Inclinado a la metáfora vanguardista desde los tiempos de su paso por las aulas universitarias, su primera letra fue la del tango No vendrás, con música de su hermano Virgilio, con quien habría de firmar algunos de sus mejores temas. En los primeros tiempos, sus trabajos recibieron más de un rechazo debido a que entonces la imagen metafórica del tipo de "luna, en sombra de tu piel / y de tu ausencia…” o “trenzas de color de mate amargo / que endulzaron mi letargo gris…” chocaban con el viejo estilo directo de los tangos tradicionales de los años veinte. Pero Expósito insistió en esa línea con otras metáforas de cuño estrictamente literario: “Tal vez / de tanto usar el gris / te ciegues con el sol…” (Quedémonos aquí) o “Tu forma de partir / nos dio la sensación / de un arco de violín / clavado en un gorrión…” (Óyeme) o “Era más blanca que el agua, / que el agua blanda…” (Naranjo en flor).


 
Otra de las características de la poesía de Expósito es el manejo de la rima interna para enfatizar la intención de la frase, como por ejemplo en Oro falso: “Mireya jamás fue rubia, / porque Mireya creció sin luna, / su juventud de risa sin hombre / llenó de tangos el barrio más pobre, / y era oscura cuando la noche / con sus locuras de fantoche / la llevó”, técnica sólo utilizada en igual sentido por Cátulo Castillo.



Fue cronista de la realidad suburbana en Farol: “Un arrabal con casas / que reflejan su dolor de lata. / Un arrabal humano / con leyendas que se cantan como tangos. / Y allá un reloj que lejos da / las dos de la mañana…” y del centro de la ciudad en Tristezas de la calle Corrientes: “Calle / como valle / de monedas para el pan… / Río sin desvío / donde sufre la ciudad… / ¡Qué triste palidez tienen tus luces! / ¡Tus letreros sueñan cruces! / ¡Tus afiches carcajadas de cartón!”.


 
También tiene una forma de observar la realidad que con frecuencia lo emparenta con Enrique Santos Discépolo y una manera de acercamiento al abandono, alejada por completo de la imagen contursiana: Expósito aborda la tristeza la tristeza y el desgarramiento de la pérdida del amor y la separación de los amantes: “Era mi amor; pero un día / se fue de mis cosas y entró a ser recuerdo”. (¡Qué me van a hablar de amor!), o la apretada y sintética definición de la angustia de uno de los mejores poemas, Afiches: “Luego, la verdad, / que es restregarse con arena el paladar / y ahogarse sin poder gritar: / Yo te di un hogar… / ¡fue culpa del amor! / ¡Dan ganas de balearse en un rincón!”. Remate desde la sencillez, desde el dolor que hace pensar en otro final, pero de Discépolo: “Cachá el bufoso y chau, vamo a dormir” (Tres esperanzas).


 
Expósito colaboró con varios de los mejores compositores del cuarenta; así escribió: A bailar, Tristezas de la calle Corrientes, Yuyo verde, Yo soy el tango y Al compás del corazón, con Domingo Federico, Bien criolla y bien porteña, El milagro, Margó y Trenzas, con Armando Pontier, Ese muchacho Troilo y Óyeme, con Enrique Mario Francini, Todo, con Hugo Gutiérrez, Pigmalión y La misma pena, con Astor Piazzolla, Te llaman malevo, con Aníbal Troilo, ¡Qué me van a hablar de amor!, Quedémonos aquí, Público de provincia y Mi cantor, con Héctor Stamponi, Humano, con Eladia Blázquez, Cafetín y Esta noche estoy de tangos, con Argentino Galván y Afiches, con Atilio Stampone.


 
Murió en Buenos Aires.

sábado, 20 de septiembre de 2014

22 DE NOVIEMBRE DE 1861: DEGOLLAMIENTO DE CAÑADA DE GÓMEZ.



En un daguerrotipo de época puede apenas obsevarse en el centro al asesino mitrista general Venancio Flores.

Luego de la traición de Pavón por parte de Urquiza, el gobierno nacional se derrumba. El presidente Santiago Derqui renuncia. Lo reemplaza su vicepresidente, el general Pedernera. Mitre se cartea con Urquiza y éste se repliega hacia Entre Ríos. Pedernera declara en receso a las autoridades nacionales.

El general Juan Esteban Pedernera, vicepresidente de la Confederación Argentina, declara en receso a las autoridades nacionales.
 
El mitrismo ratificará su barbarie: se producen los degollamientos de Cañada de Gómez (22 de noviembre de 1861).
El Tercer cuerpo porteño de Venancio Flores recorre en 30 horas la distancia de Rosario a Carcarañá. La creciente ha cedido y la noche del 21 al 22 vadea en silencio al río dos leguas arriba del campamento federal; no encontró guardias en los pasos del Carcarañá (si los hubo, fueron sobornados). Antes de la salida del sol cae por sorpresa sobre la desprevenida División Buenos Aires y los restos del ejército federal. Muchos porteños federales (entre ellos José y Rafael Hernández, el coronel Pita; Joaquín Rivadavia, hijo de Bernardino pero que llevaba la divisa punzó desde los tiempos de Rosas, el padre Marín), están en la División.

El militante y guerrillero federal José Hernández.
 
Al grito “¡Viva Buenos Aires!”, “a degüello”, la Legión Militar se lanza sobre los dormidos federales; algunos consiguen montar y tratan de resistir al grito de “¡Viva Urquiza!”. Muy pocos escapan a la luz del amanecer. Es decir, repitamos este hecho vandálico y cobarde de nuestra Historia que es difícil de entender a la fama de civilizados de los porteños: El jefe oriental Venancio Flores sorprende a tropas federales dispersas y las aniquila, en el sur santafesino. Trescientos soldados de la Confederación son degollados.
Laprida es capturado malamente herido; Pita, Marín y la mayor parte de los jefes y oficiales, muertos o gravemente heridos. De los hombres de tropa no se dio nunca la cifra exacta. Flores acusa “190 muertos y 144 prisioneros del partido retrógrado” contra “dos soldados levemente heridos” de su lado, lamentando que su tropa fue “más lejos de lo que le imponía sus deberes de soldado”. El horrorizado Gelly hace ascender a 300 los muertos, disculpando a Flores: “El suceso de la Cañada de Gómez es uno de los hechos de armas muy comunes, por desgracia, en nuestras guerras, que después de conocer sus resultados aterrorizan al vencedor cuando éste no es de la escuela del terrorismo. Esto es lo que le pasa al general Flores, y es por ello que no quiere decir detalladamente lo que ha pasado…” Así justifica este oligarca -que uno de sus sucesores será un ferviente actor del nacionalismo de derecha-, al antepasado general uruguayo encuadrado en la línea de Jorge Rafael Videla.

El general uruguayo, mitrista, Venancio Flores.
 
Los extranjeros de la Legión Militar de Ascasubi fueron los más entusiasmados en degollar criollos dormidos: “En la matanza de Gómez según dicen los que escaparon –comenta José María Roxas y Patrón a Juan Manuel de Rosas- los italianos hicieron despertar en la otra vida a muchos que, cansados de los trabajos del día, dormían profundamente… Una gran parte de la inmigración europea que nos viene propaga esos instintos feroces” (Saldías)

Hilario Ascasubi, el cantor de la burguesía comercial portuaria.
 
Entre los pocos que logran salvarse se encuentra José Hernández, cuya muerte nos habría privado del Martín Fierro. “Este suceso es la segunda edición de Villamayor, corregida y aumentada” (Horacio Zorraquín Becú), reconoce el general Gelly y Obes [hoy, este mismo apellido lidera al Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas ¿?] en carta a Ocampo del 23 de noviembre de 1861.
Sarmiento aplaude: “Los gauchos son bípedos implumes de tan infame condición que no sé qué se gana con tratarlos mejor”. Los pobres criollos gritaban “¡Viva Urquiza!” al morir, apretando contra su pecho la divisa colorada; que viva Urquiza mientras mueren los federales. Y Urquiza seguirá viviendo en su palacio San José y no perderá una sola de sus vacas.
La tarde del 24 se sabe en Entre Ríos la matanza de Cañada de Gómez. Pascual Rosas, desde Santa Fe, dice a Urquiza que ese hecho “unido a nuestro malestar pueden producir una desmoralización de mayor gravedad, si V. E. inmediatamente no toma una actitud”.